La tradición del bordado a mano enfrenta nuevos desafíos. Artesanas de Zinacantán aseguran que la competencia de prendas elaboradas a máquina e incluso imitaciones importadas ha reducido sus ventas, pese al esfuerzo y las horas de trabajo que requiere cada pieza hecha de forma artesanal.
Juana Candelaria, integrante de una familia dedicada desde generaciones al tejido y bordado tradicional, explicó que este conocimiento ha pasado de padres a hijos y que ahora ella también impulsa el trabajo familiar mediante el uso de herramientas tecnológicas para promover sus productos.
Aunque participan en bazares para dar a conocer sus creaciones, reconoce que las ventas han disminuido y que muchas personas únicamente observan las prendas sin concretar una compra.
Uno de los principales problemas, señala, es la competencia de prendas fabricadas a máquina, cuyos diseños son similares a los bordados tradicionales, pero se comercializan a un precio mucho menor.
La artesana lamentó que muchos compradores comparen el costo de una pieza hecha completamente a mano con productos industrializados o importados, sin considerar el tiempo, dedicación y calidad que implica el trabajo artesanal.
Pese a las dificultades económicas y la competencia desleal, asegura que su familia continúa preservando esta tradición como una forma de conservar la identidad cultural de Zinacantán y generar ingresos para sus hogares.
Haciendo un llamado a la población a consumir directamente con los artesanos, ya que cada compra contribuye a mantener vivas las técnicas ancestrales y el sustento de cientos de familias indígenas.
Notinúcleo / Víctor Pérez