En Chiapas, más de 220 mil personas viven con algún tipo de discapacidad con una mayor incidencia en casos de tipo motriz debido a lesiones o amputaciones. A pesar de los esfuerzos gubernamentales a través del Servicio Nacional de Empleo (SNE) y de decretos recientes enfocados en ajustar las jornadas laborales en el sector público, la inserción de este sector en el mercado formal de trabajo sigue tropezando con barreras estructurales, arquitectónicas y sociales.
De acuerdo con Raúl Guadarrama, integrante de la asociación civil ‘Movimiento Inclusivo en Chiapas’, la discapacidad no debe ser una limitante, tampoco es sinónimo de incapacidad. Raúl, todos los días sale a buscar el sustento a las calles porque las puertas en las empresas formales se cierran cuando ven la silla de ruedas.
Ante ello, señala falta de empatía por parte de empleadores y adecuaciones reales en las calles para llegar a un centro de trabajo.
Las cifras oficiales y las bolsas de trabajo muestran aperturas graduales en grandes cadenas comerciales e industrias como refresqueras y armazones automotrices instaladas en municipios como Tuxtla Gutiérrez, Tapachula y Comitán. Sin embargo, colectivos ciudadanos y asociaciones civiles señalan que la oferta real carece de cubrir las necesidades de una población que urge de autonomía económica.
Notinúcleo/ Juan Jesús Toledo