Corea del Sur vive este verano la última temporada en la que la carne de perro puede consumirse legalmente, antes de que entre en vigor una prohibición nacional en febrero de 2027. Durante décadas, este alimento formó parte de algunas tradiciones culinarias de la temporada de calor, aunque su consumo ha disminuido considerablemente en los últimos años.
La medida fue aprobada por el Parlamento en enero de 2024 y prohíbe la cría, sacrificio, distribución y venta de perros destinados al consumo humano. La legislación estableció un periodo de transición de tres años, después del cual quienes incumplan podrán enfrentar multas y penas de prisión. El gobierno también ofreció apoyo a los productores, distribuidores y restauranteros afectados por el cambio.
En lugares que durante años fueron importantes centros de venta, como el mercado de Moran, cerca de Seúl, la actividad ha disminuido. Muchos restaurantes han sustituido la carne de perro por otros platillos, mientras que los pocos consumidores que todavía buscan el tradicional bosintang son principalmente adultos mayores. La transformación también representa un desafío económico para miles de negocios relacionados con esta actividad.
El fin de esta práctica responde también a un cambio en las costumbres y en la percepción de los animales en Corea del Sur. Una encuesta realizada antes de la aprobación de la ley mostró que más de 90 por ciento de los participantes no tenía intención de consumir carne de perro en el futuro y más de 80 por ciento apoyaba la prohibición. Así, el último verano de esta tradición marca no sólo el cierre de una actividad comercial, sino una transformación cultural en la sociedad surcoreana.