Mientras la modernidad avanza y muchas costumbres se pierden con el tiempo, hombres como el maestro Francisco Velázquez continúan defendiendo con orgullo la identidad de sus raíces.
Hoy dedicado a la venta de arte y artesanía zoque, Francisco preserva una de las expresiones más valiosas de su cultura: la música tradicional zoque, un legado que comenzó a aprender desde los 10 años.
Recuerda que desde niño se integró a grupos culturales donde descubrió el sonido ancestral marcado por tambores y flauta, instrumentos que durante generaciones han acompañado ceremonias, fiestas y celebraciones comunitarias.
Pero no solo interpreta la música: también fabrica los tambores desde cero, utilizando técnicas heredadas por sus mayores, con materiales como piel de venado o chivo, cuidando cada detalle para conservar la esencia original de estos instrumentos.
Francisco relata que en su juventud eran los ancianos quienes enseñaban pacientemente a los jóvenes interesados. Hoy, con el paso de los años, él y otros integrantes mayores del grupo asumieron esa responsabilidad: transmitir el conocimiento antes de que desaparezca.
Aunque reconoce que muchos jóvenes de la ciudad se han alejado de sus tradiciones, también destaca que en comunidades como Copoya aún existen nuevas generaciones interesadas en aprender y mantener viva la cultura zoque.
Para Notinucleo Víctor Pérez