Tapachula se ha consolidado como el principal punto de concentración de migrantes y solicitantes de refugio en México. Activistas, integrantes de la comunidad migrante e incluso autoridades reconocen que la ciudad se ha convertido en la llamada “capital de la migración” del país.
Se estima que actualmente entre 20 mil y 50 mil personas permanecen varadas en esta ciudad fronteriza a la espera de una respuesta de las autoridades migratorias.
De ellas, alrededor de 13 mil buscan ser reconocidas oficialmente como refugiadas por el Estado mexicano, tras haber huido de la violencia, la persecución política, la pobreza extrema o los conflictos que azotan a sus países de origen.
Miles de haitianos, centroamericanos y sudamericanos enfrentan largos periodos de espera para conocer la resolución de sus solicitudes ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR).
De acuerdo con testimonios de migrantes y organizaciones civiles, la falta de recursos humanos y presupuestales ha derivado en una operación limitada de las dependencias federales encargadas de atender la crisis.
Actualmente, la subdelegación de la COMAR en Tapachula opera con una capacidad mínima, ya que únicamente son siete entrevistadores los responsables de procesar las solicitudes de aproximadamente 13 mil personas que esperan una respuesta sobre su futuro.
La desesperación ha impulsado la organización de caravanas migrantes. Tan solo en lo que va de 2026 han partido al menos seis contingentes desde Tapachula con rumbo al centro y norte del país, mientras una nueva movilización comienza a tomar forma en los próximos días.
La presencia de miles de migrantes y refugiados también representa un desafío para la ciudad. Albergues, iglesias y organizaciones civiles continúan brindando asistencia, aunque reconocen que la demanda supera frecuentemente su capacidad de atención.
Activistas coinciden en que fortalecer la infraestructura de la COMAR, incrementar el número de funcionarios y agilizar los procedimientos de refugio son medidas urgentes para evitar que la crisis humanitaria continúe agravándose en la frontera sur de México.
Notinúcleo / Pamela Hernández